nos frecuento en lugares, cientos de veces como en sueños de ritalina. cada tanto nos veo en las filas del supermercado, en el semáforo en rojo, en el corcho de una botella de merlot, en ese espacio entre la puerta y mi cama; ahí donde el reloj no es déspota y camina conmigo, pie a pie. indiferente a la simétrica perfección de las horas, busco la manera de desaprender a medir el tiempo. no es que no crea en la ciencia, pero el solo intento de teorizar mis impulsos es absurdo. siempre confío que al anochecer tendremos lo necesario; eso es, el uno al otro.


* además te quiero, y hace tiempo y frío – julio cortázar. la foto es de sara berntsen