tengo la costumbre adquirida de acumular objetos disfuncionales e imaginarios.
en una pared están las imágenes de todas esas heroínas trágicas que soy a lo largo de veinticuatro horas y siete días a la semana. provocativas todas, tristes algunas, otras enojadas y hasta dormidas, fluctúan unas entre otras y llegan hasta el borde de la cama, donde se detienen mientras en impromptu yo elijo la más generosa y liberal.
podría ser por él, pero no. él me gusta, con todo y la lluvia de partículas subatómicas que implotan en glamour prosaico.
culpo a la puerta que al abrirse se activa como una droga que me estimula patologías tanto adversas como enigmáticas.

* uno siempre recibe lo que viene dando. (la foto es de aquí)