mi primer encuentro con el fuego fué
a la tierna edad de cuatro años, cuando
logré encender un fósforo por mi cuenta,
y solo conseguí quemarme los pulgares.

luego no quise encender las velas si se
iba la luz, y tampoco sostener mi farol
el 14 de setiembre.

con los años todo cambia, y uno pierde
los miedos. pero no la memoria.


* bailar con fuego


* jugar con fuego


* ser parte del fuego